28/5/09

Pánico e intolerancia: Gripe Porcina


El editorialista de Clarín dice: El ataque perpetrado en Mendoza contra un ómnibus es a la vez un estallido de intolerancia y un reflejo de la desconfianza en el Estado.

El pánico y la intolerancia no tiene que ver con la confianza o desconfianza que genera el Estado, sino justamente con el bombardeo mediático que puede resumirse en "nos vamos a morir todos y nadie hace nada".
Los medios juegan un rol importantísimo en la construcción del síndrome violento, y no sólo en el caso de una enfermedad que se propaga rapidamente.
Cuando desde los comentarios maliciosos, se busca un rédito de la tragedia, cuando se vive en la inposibilidad del error y el fracaso, lo único que se genera es el pánico, el miedo más profundo y primario que despierta la idea del salvataje individual por sobre el colectivo.

El ataque fue una reacción violenta e irracional que no puede ser justificada por el temor a una enfermedad. Pero también refleja que los protagonistas estaban atemorizados porque no se sentían protegidos por el sistema sanitario estatal.

No es el miedo al contagio de una gripe, es la sobre dimensión y subestimación de todo un conjunto de ideas que rodean al Estado. La idea de generar un sistema privado de Salud y de Educación, lleva como germen el individualismo social y la repugnancia por el otro como parte de la misma. Pero cuando se consigue el efecto deseado, inundando las pantallas de pseudo-especialistas que socavan la poca racionalidad, se escudan en el civismo antibarbárico.

Son menos de 40 casos, sin ningún muerto. Estadísticamente mueren más personas por accidentes de tránsito, o gripe común, sin embargo el flagelo que reflejan en sus medios es la influenza A, o la inseguridad.

Comunicar es una responsabilidad, y no se puede jugar a que los efectos de la psicosis programada no tiene responsables.

1 comentario:

MONA dijo...

Los medios tienen un poder. Es el mismo poder que ejerce la oposición, ya que ideológicamente se parecen, y en ocasiones son las mismas personas.
Entonces, siembran el caos, como hicieron en los más de 100 días de lockaut agropecuario. Siempre el propósito es lograr desorden, pánico, alarma en la población, gente que huye espantada, entonces, ellos mismos encontrarán los actores del orden, los que breguen por la PAZ, que van a buscar los consensos entre la gente... y por supuesto van a hacerse del poder, por un camino que no es el de las urnas.
A partir de ahí buscarán difundir las palabras de apoyo de las personas más encumbradas, para que los que dudan, puedan reconocer que si los grandes están de acuerdo, no puedo uno oponerse, en este despiole que se vive... Para muchos, será un alivio, después de tanto escándalo.
Así sucedió en 1976. A un año de las elecciones, el gobierno de facto sembró el caos y se hizo del poder, con la complicidad de los civiles. Todos los poderes juntos: el ejecutivo, el legislativo y el judicial.
Nada dijo Lilita ahí, porque era parte de ese poder... Pero otros sí dijeron:

- Mayo De 1976. "Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo, que salvo al país de la ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber enfrentado las responsabilidades del gobierno. Yo nunca he sabido gobernar mi vida, menos podría gobernar un país", dijo JORGE LUIS BORGES, y los periodistas de Casa de Gobierno se sonrieron: ya tenían un titulo para sus notas.

- ERNESTO SABATO: "El general Videla me dio una excelente impresión. Se trata de un hombre culto, modesto e inteligente. Me impresiono la amplitud de criterio y la cultura del presidente"

- Videla, dijeron los escritores Borges, Ernesto Sábato, Horacio Esteban Ratti, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores y Leonardo Castellani, se dedicó a escuchar y les repitió varias veces que para él era un honor compartir esa mesa con tan importantes personajes.

- Ernesto Sábato: "Es imposible sintetizar una conversación de dos horas en pocas palabras, pero puedo decir que con el presidente de la Nación hablamos de la cultura en general, de temas espirituales, culturales, históricos y vinculados con los medios masivos de comunicación.
Hubo un altísimo grado de comprensión y de respeto mutuo, y en ningún momento la conversación descendió a la polémica literaria e ideológica y tampoco caímos en el pecado de caer en banalidades; cada uno de nosotros vertió sin vacilaciones su concepción personal de los temas abordados.

Tal vez vos o tus lectores puedan responder esta pregunta:
¿habrá que agradecerles ahora que SI la historia los juzga?

Saludos!!!
Mona

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