Las opciones que se presentan para revelar la incógnita Moreno de la inconsistencia de “controles absolutos” y “firmes aumentos de precios” serían las siguientes:
1
El secretario de Comercio Interior está haciendo bien su trabajo de funcionario encargado de disciplinar a los eslabones concentrados de la cadena de producción y comercialización de productos masivos.
2
El Indec está capturando con fidelidad la evolución de precios de esa cesta de bienes claves para la mayoría de la población.
3
Los grandes productores y cadenas de venta minorista cumplen con la formalidad burocrática de presentar las planillas en Comercio Interior, pero luego hacen lo que quieren con sus respectivas listas de precios.
4
Los relevamientos privados detectan esos “verdaderos” ajustes al alza de los precios y no los que figuran en acuerdos oficiales definidos con Moreno.
La mayoría se inclinaría a pensar que las alternativas 3 y 4 son las más probables. Las dos primeras tienen pocos adeptos en el mundo de los economistas heterodoxos, incluso en niveles jerárquicos dentro del Gobierno. Pero si así está planteado el panorama, el desplazamiento de Guillermo Moreno debería ser resistido por las grandes empresas, con el apoyo de los voceros de la corriente conservadora, para poder seguir así preservando sus privilegios. En cambio, ese funcionario ha sido defendido con fervor por la máxima conducción de la administración kirchnerista. Hay un sinsentido en esta polémica y en la historia mediática creada alrededor de la figura de Moreno, que requiere de un análisis más profundo que el debate sobre buenos modales. Nota completa de Alfredo Zaiat
La discusión sobre Guillermo Moreno es muy similar en su forma a la que rodea el tema de la minería, nadie tiene la más mínima idea, a nadie le importa más que como caballito de batalla contra el gobierno nacional, y los mismos que hablan y critican no tienen un propuesta superadora.
Si las cámaras patronales lo rechazan tanto es porque el tipo algo bien está haciendo. No puedo creer que alguien crea que los precios se sostienen por la mano invisible de la buena voluntad de los distribuidores de productos.









