El editorialista de Clarín dice:
El ataque perpetrado en Mendoza contra un ómnibus es a la vez un estallido de intolerancia y un reflejo de la desconfianza en el Estado.
El pánico y la intolerancia no tiene que ver con la confianza o desconfianza que genera el Estado, sino justamente con el bombardeo mediático que puede resumirse en "nos vamos a morir todos y nadie hace nada".
Los medios juegan un rol importantísimo en la construcción del síndrome violento, y no sólo en el caso de una enfermedad que se propaga rapidamente.
Cuando desde los comentarios maliciosos, se busca un rédito de la tragedia, cuando se vive en la inposibilidad del error y el fracaso, lo único que se genera es el pánico, el miedo más profundo y primario que despierta la idea del salvataje individual por sobre el colectivo.
El ataque fue una reacción violenta e irracional que no puede ser justificada por el temor a una enfermedad. Pero también refleja que los protagonistas estaban atemorizados porque no se sentían protegidos por el sistema sanitario estatal.
No es el miedo al contagio de una gripe, es la sobre dimensión y subestimación de todo un conjunto de ideas que rodean al Estado. La idea de generar un sistema privado de Salud y de Educación, lleva como germen el individualismo social y la repugnancia por el otro como parte de la misma. Pero cuando se consigue el efecto deseado, inundando las pantallas de pseudo-especialistas que socavan la poca racionalidad, se escudan en el civismo antibarbárico.
Son menos de 40 casos, sin ningún muerto. Estadísticamente mueren más personas por accidentes de tránsito, o gripe común, sin embargo el flagelo que reflejan en sus medios es la influenza A, o la inseguridad.
Comunicar es una responsabilidad, y no se puede jugar a que los efectos de la psicosis programada no tiene responsables.