
Le agradezco a la vida haberme permitido vivir este momento histórico. Muchos murieron, de mi generación y de las anteriores, sin verlo.
Estos días que ando pensando en mí de manera egoísta, respondiéndome ¿qué hacías hace diez años? que me apreto la cabeza tratando de recordar las cosas lo más nítidas posibles. Y me veo si un mango, sin trabajo, vendiendo la mitad de mi biblioteca para pagar los libros de la carrera. Paseando perros, pintando locales, arreglando techos, o buscando trabajos miserables de los que terminaba desistiendo por explotado. Porque cuando no se tienen compromisos ni hijos que mantener, se puede mandar a la mierda a todos esos hijos de puta que en los momentos de crisis aprovechan para medrar. Y vuelta a la nada.
Esperanzas ninguna. Nunca fui de la idea de irme del país, pero sí de no sentirme representado. Creer uno siempre cree. Son los ideales que lo movilizan. Pero en ese momento ningún espacio político me representaba. Siempre creí en la política. Y sí cante “que se vayan todos, que no quede uno sólo”; y creo que era un poco más abarcativo, pero los medios buscaron identificarlo sólo en políticos. Hay que escuchar los audio del pueblo en la calle. Políticos, gremialistas, empresarios, banqueros, periodistas, todos estaba entraban en el “que se vayan todos”.
Pero llegó Néstor Kirchner y empezó por dar vuelta la historia, a pedirnos confianza; nos invitó a creer y a soñar que era posible, y no fueron solamente palabras. Comenzó por mirar a la vereda en que ensombrecidos observábamos; nos tendió la mano, nos dio esperanzas. Y si bien los medios acentuaban, año a año, que “no se había ido nadie”, no eran los mismos. Y se cambió la corte y fue una bocanada de aire. Se reabrió la justicia y propuso terminar con la leyes vergonzosa y le abrió la puerta de la Rosada a las Madres. Y vino el 24 de marzo en la ESMA. El colegio militar y “procesada” ; y no pude más.
No puedo comprender a aquellos que todavía intentan hacerme entender que nada cambió. Que todo sigue igual. Realmente no logro entenderlos. Yo viví el país desigual y formé parte del ejercito de descartados. Y de alguna manera me rescaté, pero sobre todo hubo alguien que creo las condiciones para que pudiera levantarme. Ese hombre fue Néstor Carlos Kirchner. Llegó del sur el día de la patria, y se volvió al sur en un Octubre radiante.
Yo y muchos otros lo extrañamos; aunque nuestros corazones se estremezcan cada vez que lo recordamos pero es que le debemos mucho y no somos ingratos. De esa experiencia tan dura, me queda la alegría de haber vivido este proceso histórico popular y colectivo. Y recuerdo a los cientos que no alcanzaron a verlo con sus ojos, pero ya lo intuían en sus corazones.











