18/12/11

10 años, 20 de diciembre


Cuando hace unos días me cayó la ficha que ya habían pasado diez años, me puse a mirar videos, fotos. Es que de pronto me encontré deambulando por Diagonal sur y recordé el olor ácido de los gases. El fuego en la esquina de Perú y Julio A. Roca. La Plaza de Mayo envuelta en humo, los caballos, los tanques hidrantes, las piedras y me vi con una en la mano. También recordé un estacionamiento sobre Moreno. La montada nos corrió y nos dispersamos. Rememoré las palabras de Salcedo, mi profesor de Cívica de 4to año en 1991. Correr siempre en la dirección contraria a la que todos salen. Y me metí en un estacionamiento, debajo de un auto. Y llegaron más personas, una mujer que gritaba agarrando a su hija del brazo con mucha fuerza. Las llamé. Le grité que se metieran debajo del auto. Y también una pareja. Había una puerta y el pibe la pateaba tratando de abrirla. Le dije que dejara de hacer ruido. Había muchas personas en el estacionamiento, muchas mujeres y chiquitos que lloraban. Las cascos de los caballos resonaban en las calles. Sirenas. Alarmas. Ruidos de disparos. Cuando los caballos dejaron de escucharse, salí y me fui.

Había intentado entrar a la Plaza de Mayo por Defensa pero había una valla con la infantería detrás. Un grupo de hombres los puteaban a los gritos y empezaron a tirarles piedras, otros trataban de calmar a los que puteaban y tiraban piedras. Había un andamio sobre la vereda. Entonces llegaron los gases y me fui. Corrí por Moreno hacia la 9 de Julio. Un pibe corría a mi lado, tenía la remera como un pasamontañas y me preguntó si había visto lo que tenían atrás de la rosada. No, qué hay? Tanquetas, Celulares, Hidrantes, Caballos, tienen de todo. Y ahí escuché los caballos y cambie de dirección y me tiré debajo del auto.

Avenida de Mayo era imposible, no se podía llegar. No se podía respirar. Humo negro, gases, piedras por todos lados. Vidrio, palos, fierros, cartuchos de vainas de escopeta, sangre, y fuego, mucho fuego. Quería ir para Diagonal Norte pero no se podía cruzar, entonces subí hasta la 9 de Julio. Se podía respirar mejor.
Todo estaba cerrado, hacía calor, tenía sed. Había mucha gente. Algunos corrían en grupos, con palos, encapuchados. Otros estaban sentados en los canteros. Había sangre. Ahí escuché por primera vez que había dos muertos, y cuando llegué a casa me enteré que eran más. Los patrulleros pasaban por los carriles centrales a toda velocidad, y algunos disparaban hacia nosotros. Todo el mundo al suelo, los talones contra el piso como cuando estaba en la colimba. Estaba espantado, muerto de miedo. Algunos corrían con palos y piedras, entraban y salían de Avenida de Mayo hacia la plaza. Y se escuchaban los disparos, las herraduras de los caballos golpeando contra el cemento. El miedo me indicó que había que salir de ahí. Eso no era una manifestación que la policía busca dispersar, creo que fue lo más cercano que viví a un escenario de guerra.

Me fui caminando por Yrigoyen hasta Congreso. A la altura de Callao otra valla, y la infantería también. Era increíblemente absurdo. En la esquina de Rodríguez Peña un pibe en cuero, se marcaba el pecho con la mano y desde Callao un infante le contestaba tirándole cartuchos de gases. Lo esperaba a pie firme y cuando estaba por caerle lo pateaba de volea y se armaba un revuelo de pibes que corrían para meterlo en la boca de tormenta. Risas. Insultos, y otra vez la misma escena.

Doble por Peña hasta Perón y caminé veinticinco cuadras hasta mi casa. Llegué a las siete, una rato antes de la renuncia de De La Rua. Mi viejo estaba mirando la tele, me preguntó dónde había estado, le mentí y me senté a mirar con él el horror. Eran cinco muertos, y se hablaba de veinte en todo el país. Con el correr de los días la cifra aumentó, pero habíamos dejado el caos para sumirnos en el Not Future!

No entiendo a los que hablan de Argentinazo. Fue el horror. El caos. La muerte. Se perdieron muchas vidas y lo que vino fue la desesperanza.
Hasta que llegó EL: Néstor Kirchner

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